bola negra

«LA BOLA NEGRA»

«La bola negra» es una película en la que todo es hiperbólico: la ambición que la anima, el resultado final y lo es casi todo lo que críticos y público andan diciendo por ahí. Para bien, en la mayoría de los casos, y para mal, según dicen los detractores, que generalmente juzgan a la película desde la perspectiva ideológica y/o verosimilista. No me voy a meter en este último terreno porque ya estoy más que cansado de la típica confusión entre ficción y realidad (sea histórica o de otro tipo). Mi comentario sobre la película es de carácter artístico y desde mi estricta opinión personal.

«Bola blanca»: tiene un arranque espectacular y absorbente, al mismo nivel técnico y de producción que las buenas películas de Hollywood.

«Bola blanca»: tiene un aliento poético y estético hermosísimo. Hay momentos en que se hace cine desde la poesía. Una fusión conseguida y original, con escenas que te dejan boquiabierto y te emocionan. Esas escenas mágicas hacen que solo por eso merezca la pena ver la película.

«Bola blanca»: tiene unos números musicales coreografiados impresionantes. Penélope Cruz, como se ha repetido, está sensacional. Se nota el toque Pedro Almodóvar aquí (no en vano es uno de los tres productores de la película).

«Bola blanca»: tiene unos anacronismos encantadores para mí, pero excesivos para según quién (esa sucesión de cuerpos masculinos, fibrados, definidos, bien alimentados y trabajados en gimnasio, altamente improbables en 1932 o 1937. Nada que objetar, pero es así. Alguna escena de marineros o de desnudos que parece sacada de un anuncio de perfume, o de un clip musical. Nada que alegar, pero es así).

«Bola blanca» para un trabajo interpretativo loable. Me cautiva especialmente el de Lola Dueñas.

Y ahora las bolas negras. Soy consciente de que es ir a contracorriente, es incluso irritar a sus fervorosos admiradores, aunque no debiera ser así.

«Bola negra»: la duración de la película es excesiva. Considero que debió ser trabajada para presentarla al público con un metraje más reducido. El final en particular se prolonga y se prolonga hasta empachar (a mí, no lo olviden). Hay que saber despedirse.

«Bola negra»: aunque la trama es compleja e interesante, no encuentra ese ritmo narrativo que hace que no mires el reloj. La película se me hace un poco cansina, pesada, se me hace bola, sin menoscabo de su valor artístico.

No pierdo un momento sobre lo queer, ni sobre todo lo que tiene que ver con las identidades y formas de vivir la sexualidad, etc., porque cada cual se acerca a los grandes tópicos de la literatura y el cine como le da la gana. La cuestión es si se alcanza o no una universalidad de sentimientos que provoquen emoción, goce estético, o enriquecimiento interior en el lector o en el espectador.

Hay un consenso casi unánime en considerar esta película como una obra maestra y como una revolución dentro del cine español. No creo que sea para tanto. Los premios y la ingente campaña promocional de esta película hacen que todo sea, como dije al principio, hiperbólico. En todo caso, recomiendo verla, disfrutarla y hablar con conocimiento de causa.

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