«La odisea», de cristopher nolan

«La odisea», por fin. El caballo semihundido en la playa (ecos de «El planeta de los simios»), Polifemo, Escila y Caribdis, unos lestrigones de estética medieval, Circe, Calypso, esas grandes escenas de suspense y de atmósfera de terror. Inolvidable.

Que esta película de Cristopher Nolan guste o no y lo que signifique para cada uno creo que depende en gran medida de la perspectiva con la que nos acercamos a ella. La mía es la de una persona que en la niñez rellenó un precioso álbum de Nestlé con los lugares reales donde presuntamente habían tenido lugar las aventuras de Ulises (Odiseo) -con ese álbum ya conocí al dedillo la trama y los personajes del poema homérico-; después leí el poema homérico creo que en la traducción de Carlos García Gual y vi entusiasmado el Ulises de Camerini un par de veces. Sí, el que interpretaba Kirk Douglas. Digo todo esto porque no es lo mismo ir a la película de Nolan con este bagaje a ir con lo puesto. Y no lo es porque Nolan ha hecho una versión libre y personal del texto de Homero. De todas formas, hay disfrute para todo el mundo: para los que gustan del cine de aventuras y de entretenimiento, para los que están interesados en un cine más reflexivo; para los muy cinéfilos, para los espectadores ocasionales, para los entendidos en la obra de Homero y para los que apenas la conocen. Los primeros disfrutarán mucho con esta versión de la obra maestra griega, comparando a veces el original con la película, asombrándose del modo en que Nolan la ve y la entiende. O la adapta a sus inquietudes y creatividad. Los que sepan poco de la obra original pensarán que Odiseo era así, que la obra de Homero era así. Y no son así. Pero, ¿qué mas da?: ambos tipos de espectadores disfrutarán de una grandiosa película cuyas tres horas, salvo alguna pequeña caída de ritmo, devorarán sin pestañear. Espectáculo total: vestuario, sonido, paisaje, efectos. No puedes distraerte porque te vas a perder algo esencial, no puedes distraerte porque los diálogos son interesantes e inteligentes.

Ha habido airados críticos que la han visto como una traición a Homero. Les diría que en primer lugar una cosa es un poema (o una novela, o una obra de teatro) y otra cosa es una película. La moral homérica era una moral heroica, en la cual la areté (virtus, virtud) es la excelencia de sangre, que se manifestaba en la destreza con las armas y en el valor guerrero. Una moral querida así por los dioses. Los héroes se rigen por el honor y quieren a toda costa obtener fama. El Odiseo de Nolan, tiene sin embargo otro tipo de moral, pasada ya por el crisol del cristianismo, de la modernidad, de la instrospección. Se siente culpable, analiza sus errores. Cuestiona a los dioses. No es un héroe homérico. ¿Y qué? Siempre se me ocurre a este respecto la comparación con el Espartaco de Stanley Kubrick, otra grandiosa película en la que el líder de los esclavos era un anacrónico, un imposible defensor (por la época en que vivía) del individualismo moderno, de las libertades democráticas, de los derechos humanos, de los valores de la Ilustración. Son anacronismos. ¿Y qué? Son obras de arte. Los anacronismos son una de las características más fascinantes de la pintura renacentista. Los artistas trasladaban las escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento a ciudades, palacios, iglesias y paisajes de los siglos XV y XVI. ¿Se nos ocurre despreciar por ello las pinturas de Jan van Eyck, de Pieter Bruegel el Viejo, de Ghirlandaio o de Veronese? Nolan ha hecho una lectura personal de La odisea y nos la entrega bajo una nueva luz. Bienvenida sea.

Otros han criticado el casting de la película. En este punto, nuestra sociedad red magnifica lo anecdótico, lo superficial, lo sensacionalista y, aunque parta de algo real, lo exagera y saca conclusiones simplistas y empobrecedoras. Entiendo que la elección de la actriz que interpreta a Helena de Troya es fallida y un tanto estrafalaria, pero su peso en la película es mínimo. Matt Damon, en su papel de Odiseo, hace una interpretación magistral; también tenemos un magnífico villano interpretado por Robert Pattinson. No cojamos el rábano por las hojas de la ideología para deslucir una obra tan impresionante por la cuestionable elección de algún actor o actriz de reparto.

Puede que Nolan deje fuera de juego a algunos espectadores que apenas saben del mundo homérico, griego, clásico y literario y que se pierdan un poco en la trama. También pasaba con Oppenheimer. Los diálogos son rápidos y Nolan no pone especial cuidado en masticarte demasiado los temas, aunque sí en dejarte claro cuáles son sus obsesiones e inquietudes. Pero espero que estos espectadores hayan disfrutado del espectáculo y de las aventuras de Odiseo. La trama original de la que parte Nolan, la obra de Homero, es tan magnífica que puede entretener a todo tipo de público. Espero también que la película despierte en esos espectadores el interés por saber algo más de La Ilíada, La Odisea y de aquella fascinante cultura

griega.

Odisea

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